Un reconocido autor teatral, también director y -en este caso- actor, nos propone aceptar que "alguien" es único cuando logra despertar en el otro el placer de volver a verle. Y nos invita a pensar que, de no ser eso amor, tal vez pueda tratarse de lo más parecido al amor.
Para probar que es así, y dar sentido a su última pieza teatral, deberá contar con esa mujer que hará que su nostalgia adopte el rostro de la felicidad.
Ante el público -sumergiéndose en un pasado muy presente-, sin prejuicios, ni preconceptos, ni humillaciones, ni miedos, ni desgarros tortuosos, iniciará un viaje al corazón abierto del teatro.
Esta pequeña gran obra trata del infinito placer de comprobar que la realidad y la verdad no son la misma cosa. Y que uno puede sentir, llorar y reír junto a quien se supone dejó de ser realidad, porque, la verdad, puede traerle cuantas veces quiera.
El amor lo hace posible.
Y el teatro.
Como en "Hoy: El diario de Adán y Eva, de Mark Twain": teatro de sentimientos, teatro para crecer, teatro que no excluye a nadie.
Teatro para todos.